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Es el tiempo del conocimiento, de la pedagogía, del aprendizaje.

Es el conocimiento.

Estamos en unos tiempos en los que la pedagogía debería tener más presencia que nunca.

La Sociedad hiper conectada, Sociedad del Conocimiento y de la Información, nos conduce a senderos en los que se configura con bastante claridad una más que emergente economía digital, que va acompañada de una, también, cultura digital.
Sin embargo, muchas veces, se le está dando más voz a todo lo relacionado con el marketing (que merece todos mis respetos, que quede claro), y a consignas de cómo utilizar herramientas digitales en las escuelas o las empresas sin tener en cuenta la necesidad de adquirir unas competencias que van mucho más allá de la mera utilización de ellas. Y de una serie de consejos para motivar a empleados o alumnos (pues todo se mezcla) desde un asesoramiento que viene del ámbito empresarial y que olvida lo colaborativo, el fomento del pensamiento crítico, el derecho a no estar contentos con lo que tenemos y que propugna la felicidad individual desde propuestas vacuas de contenido. Lo siento, así lo veo y así lo leo.
¿Por qué es el tiempo de la Pedagogía?

Porque la adquisición de una cultura digital para manejarnos en entornos virtuales necesita de una serie de habilidades específicas que pasan por el aprendizaje.

Y debe ser un aprendizaje permanente debido a que los cambios suceden con tal rapidez, que si no nos ponemos las pilas, nos quedamos fuera de dónde ocurren muchas de las cosas interesantes y además en un instante.
Se ha escrito ya mucho sobre la facilidad que tenemos con los diversos dispositivos actuales para acceder a la información en cualquier momento y lugar, lo que conlleva una ubicuidad en el acceso.

Necesitamos de una multi alfabetización para movernos con eficiencia en las redes.  Saber emplear la metacognición para funcionar en un mundo complejo con enormes  flujos de información en distintos formatos y medios. Aprender.

Aprender a solucionar problemas, desarrollando el pensamiento creativo más que nunca.

Y saber que el aprendizaje permanente forma parte indisoluble del trabajo.
Un aprendizaje permanente que ya se explicaba de forma extensa en el “Memorándum para el Aprendizaje Permanente” del año 2000: Comisión de las Comunidades Europeas, Bruselas 30. 10. 200. SECC (2000) 1832.
Y que explicitaba que “…los protagonistas de las Sociedad del Conocimiento son los propios ciudadanos”. Y eso conduce al empoderamiento.
El empoderamiento o control de nuestras vidas (y por extensión, de nuestras vidas laborales) en un momento en que parece que nos lo están hurtando.

Uno de los Objetivos del Memorándum es el Mensaje clave nº 5: Redefinir la orientación y el asesoramiento para que “… todos los ciudadanos puedan acceder a una información y asesoramiento de calidad acerca de las oportunidades de aprendizaje”.

Es pues el momento de los educadores, de los maestros, pedagogos /psicopedagogos.
No es el: “It’s the economy, stupid” con el que dicen que ganó Clinton unas elecciones.

Es el conocimiento y su gestión, es el aprendizaje.

Paz Barceló.

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Motivación y atribuciones causales.

                 Cuando hablamos de motivar a los alumnos a través de la presentación atractiva de los contenidos, de procurar que el aprendizaje sea significativo o de sorprenderles con cuestiones novedosas, o de lo que nos pueden aportar las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, no podemos obviar la importancia que tienen para ello los aspectos cognitivos y emocionales, tanto del profesor como del alumno.

                Además de las expectativas del profesor sobre el rendimiento del alumno, están las expectativas propias de éstos sobre su capacidad para abordar los aprendizajes y realizar las tareas.

                Hay diversas teorías sobre la motivación humana.

                Las teorías atributivas aportan interesantes conceptos para comprenderla, identificando las causas del comportamiento ante la motivación relacionada con el logro. 

                Weiner (1986) elaboró una serie de ítems para estudiar las atribuciones causales sobre el éxito y el fracaso en cuanto a los resultados propios. Es decir, a qué causas atribuimos el éxito o el fracaso en el desempeño de algo y qué aspectos afectivos – motivacionales se ponen en marcha.

           Anteriormente, Rotter (1965), teórico del aprendizaje social y enmarcándolo en interpretaciones conductistas, había propuesto e investigado sobre el Locus de control como aquel que perciben los individuos sobre ellos mismos. Diferenciaba, resumiendo mucho, las expectativas internas de control sobre las situaciones (controlamos nuestros actos y sus consecuencias) o las expectativas externas –Locus externo ­– en las que el control y sus consecuencias se perciben como  poco controlables por el sujeto. Podríamos mencionar también a Bandura (1977) y su perspectiva sobre el concepto de auto eficacia, las interesantes aportaciones de Kelly (1955) sobre los constructos personales, como determinantes de nuestra proyección social y nuestra personalidad. o a Mischel,  (Mischel y cols. 1988)  y sus definiciones sobre el auto – control.

Posteriormente, el estudio de la relación entre dichas atribuciones y la motivación ha arrojado interesantes resultados.        

Pero centrándonos en Weiner, recordemos que propone que dichas  atribuciones pueden ser predictores futuros de nuestra conducta y determinarla en un futuro.

                Las atribuciones que realizamos tienen unas consecuencias afectivas, nos hacen reaccionar emocionalmente  ante expectativas de éxito o fracaso. La dimensión de estabilidad de las causas afecta a estas expectativas ya que las podemos percibir como modificables o no,  (estables en el tiempo o inestables), percibiendo nuestras propias acciones como más o menos eficaces (autoeficacia) dependiendo de si además atribuimos los mencionados éxitos o fracasos a que no poseemos habilidades suficientes, y de que éstas puedan mejorarse o de que no seamos capaces de ello; o de que dependan de nuestro esfuerzo, o no.

Un ejemplo:

Si se atribuye el éxito a causas externas al sujeto, estables en el tiempo y no controlables por él. Baja percepción de auto eficacia propia y en el auto control.

Si se atribuye el éxito a causas internas, estables y controlables (habilidades de lapersona).

Si se atribuye el éxito a causas internas, inestables, variables y controlables (se atribuyen al esfuerzo y son atribuciones más adaptativas que pueden aumentar la motivación de logro).

Si se atribuye el fracaso a causas externas y estables, no controlables (es culpa de la suerte, del profesor). Es el – “haga lo que haga, si me sale mal es por culpa de cuestiones ajenas a mí”. (Revisión del auto concepto de la persona).

Si se atribuye el fracaso a causas internas, pero inestables, cambiantes y además controlables (falta de esfuerzo, o dificultades subsanables). La motivación de logro es aquí más alta.

Fracaso atribuido a causas internas, estables y no controlables (falta de habilidades propias). Atribución de fracaso que puede desmotivar a la persona a la hora de emprender una tarea.

 Y así, llegamos al fondo de las cuestiones ligadas a la motivación al menos desde algunos de sus aspectos más relevantes.

                Para que un alumno se motive, y además esa motivación sea perdurable, éste debe tener una percepción de sus logros y de sus capacidades como algo transformable a través del auto control de lo que realiza. Y en todo caso, saber cómo poner en funcionamiento estrategias y funciones metacognitivas para resolver problemas. No le podemos motivar solamente nosotros por muy atractiva que hagamos una clase.

                Trabajar aspectos emocionales y de percepción de la propia capacidad. Revisar el autoconcepto, la percepción que tiene de sí mismo en cuanto a afrontamiento de los aprendizajes, revisar las habilidades para mejorar su acceso a la información, será siempre necesario.

Paz Barceló.

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Vacaciones, aprender en libertad…y porqué el paso por la universidad es tan decepcionante

Guardo un grato recuerdo de cuando éramos pequeños,  nos trasladábamos en verano a un pequeñísimo pueblo en el monte con iglesia románica y columpios de madera rústica, allí mis abuelos tenían una casita sencilla pero preciosa. Durante esos períodos aprendí muchas de las cosas más importantes de mi vida, y las aprendí para siempre, sin repasar ni examinar…

Aprendí el silencio, que no existe porque la naturaleza trabaja día y noche, los olores, buenos y malos, así distingo perfectamente con los ojos cerrados plantas como el tomillo, el romero, el orégano, la salvia, lavanda… ah y mi favorito para siempre más, el magnifico olor de la higuera, árbol que fue refugio de pataletas y correrías…también aprendí a beber en botijo, el sabor del agua fresca, el gusto de los tomates recién cogidos, los increíbles colores de la pobres mariposas perseguidas, cazadas y asesinadas a base de eter comprado en farmacia…También aprendí a hacer arcos, flechas y equipos, a ganar y a perder… Una vez…  todos los niños del pueblo,  que éramos como mucho unos 20 de distintas edades,  entre los cuales había unos poquísimos nativos, decimos organizarnos;  no sé muy bien cual fue la chispa de aquel suceso, quizás algunos enamoramientos de los más mayores… Queríamos hacer una obra de teatro y aunque en el pueblo había un pequeño local para fiestas con un escenario, éste estaba sucio y viejo. Entre todos lo limpiamos, lo pintamos y lo acicalamos. Luego seguimos arreglando calles porque en realidad nos sentíamos orgullosos de nuestra colaboración…aprendimos el gusto por el trabajo en red.

Todas estas cosas y muchísimas más fueron incorporadas con un immenso placer a mis activos de conocimiento esencial, desde entonces cualquier cosa nueva que aprendo debe ensamblarse a mis queridos paisajes en movimiento de aquel pequeño pueblo…

Cuando pienso en la gran importancia de todo aquello y el placer que me causa aún hoy al recordarlo, intento, a la vez, entender por qué nos hemos empeñado en hacer del aprendizaje formal una cuestión tan dolorosa, repetitiva, aburrida, que es como una obligación tan larga y decepcionante que acaba por detrozar las mentes más frescas y brillantes. De hecho, la mayoría de la gente que conozco que ha pasado por la universidad acaba absolutamente insatisfecha con los conocimientos adquiridos, con los profesores;  pero sobretodo con el sistema. Terminan las carreras por la urgencia de tener un título, la motivación al final es mucho menor que al comienzo…¿Cómo puede ser que después de tantos años de decepciones no se hayan planteado por qué fracasan tan estrepitosamente en lo más básico,  que es producir la suficiente curiosidad para generar nuevos conocimientos? Quizá la respuesta esté en que necesitan tiempo para demostrar lo mucho que saben…no lo se…pero si se que el gozo intelectual se trasmite:  es esa ilusión que tienen algunos profesores a los que recordamos toda la vida..

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Buenos días y buen provecho…

Ajo Monzó