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Vacaciones, aprender en libertad…y porqué el paso por la universidad es tan decepcionante

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Guardo un grato recuerdo de cuando éramos pequeños,  nos trasladábamos en verano a un pequeñísimo pueblo en el monte con iglesia románica y columpios de madera rústica, allí mis abuelos tenían una casita sencilla pero preciosa. Durante esos períodos aprendí muchas de las cosas más importantes de mi vida, y las aprendí para siempre, sin repasar ni examinar…

Aprendí el silencio, que no existe porque la naturaleza trabaja día y noche, los olores, buenos y malos, así distingo perfectamente con los ojos cerrados plantas como el tomillo, el romero, el orégano, la salvia, lavanda… ah y mi favorito para siempre más, el magnifico olor de la higuera, árbol que fue refugio de pataletas y correrías…también aprendí a beber en botijo, el sabor del agua fresca, el gusto de los tomates recién cogidos, los increíbles colores de la pobres mariposas perseguidas, cazadas y asesinadas a base de eter comprado en farmacia…También aprendí a hacer arcos, flechas y equipos, a ganar y a perder… Una vez…  todos los niños del pueblo,  que éramos como mucho unos 20 de distintas edades,  entre los cuales había unos poquísimos nativos, decimos organizarnos;  no sé muy bien cual fue la chispa de aquel suceso, quizás algunos enamoramientos de los más mayores… Queríamos hacer una obra de teatro y aunque en el pueblo había un pequeño local para fiestas con un escenario, éste estaba sucio y viejo. Entre todos lo limpiamos, lo pintamos y lo acicalamos. Luego seguimos arreglando calles porque en realidad nos sentíamos orgullosos de nuestra colaboración…aprendimos el gusto por el trabajo en red.

Todas estas cosas y muchísimas más fueron incorporadas con un immenso placer a mis activos de conocimiento esencial, desde entonces cualquier cosa nueva que aprendo debe ensamblarse a mis queridos paisajes en movimiento de aquel pequeño pueblo…

Cuando pienso en la gran importancia de todo aquello y el placer que me causa aún hoy al recordarlo, intento, a la vez, entender por qué nos hemos empeñado en hacer del aprendizaje formal una cuestión tan dolorosa, repetitiva, aburrida, que es como una obligación tan larga y decepcionante que acaba por detrozar las mentes más frescas y brillantes. De hecho, la mayoría de la gente que conozco que ha pasado por la universidad acaba absolutamente insatisfecha con los conocimientos adquiridos, con los profesores;  pero sobretodo con el sistema. Terminan las carreras por la urgencia de tener un título, la motivación al final es mucho menor que al comienzo…¿Cómo puede ser que después de tantos años de decepciones no se hayan planteado por qué fracasan tan estrepitosamente en lo más básico,  que es producir la suficiente curiosidad para generar nuevos conocimientos? Quizá la respuesta esté en que necesitan tiempo para demostrar lo mucho que saben…no lo se…pero si se que el gozo intelectual se trasmite:  es esa ilusión que tienen algunos profesores a los que recordamos toda la vida..

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Buenos días y buen provecho…

Ajo Monzó

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